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Reseña de "El acento en la diferencia", antología de relatos LGBTIQ

 



Por: Aarón Alva


Cuando hace casi una década, un domingo por la mañana en la Peña del Carajo, Ernesto Pimentel se presentaba en un evento benéfico y le decía a un espectador que si colaborada le hacía sexo oral (obviamente dicho de otra forma y sin cámaras de televisión a la vista), las risas del público, en su mayoría madres de familia y adultos base cuatro para arriba, suscribían algo más que un neto pacto de risa; cuando en la página de Facebook de un medio de noticias aparecen viajes o encuentros de parejas homosexuales y de pronto vemos la cascada de comentarios ofensivos y homofóbicos, añadidos con nombre y apellidos de los usuarios, estos, quizá sin saberlo, reafirman también otro tratado social.


  En el primer caso, podría decirse que la broma de Pimentel es inmune a censuras así se lance a la cara de un público cucufato, debido a la ilusión de camaradería que los reúne en un evento definido por su campo sociocultural, donde el público y él se saben por encima de las normas que en casa de alguien no apto para las dispensas benéficas, tal vez se castigaría con algo más que látigos. Es decir, en tal caso las bromas e insinuaciones homosexuales están “superadas” y son motivo de risa, porque el personaje activo ha accedido a un blindaje solo propicio por su estatus. 


En el segundo caso, la congregación de bravucones de Facebook responde a lo que Pierre Bordieu llama hábitus cultivado, que asimismo funciona de coraza para lanzar la piedra con nombre y apellido, sin saberse vetado en cualquier sucursal de su campo de trabajo o social. La pregunta, sin embargo, no sería el por qué a uno le celebran la broma y a otros, por solo mostrarse en fotos con sus parejas del mismo sexo la condenan, sino, si somos testigos de estos lados opuestos, ¿existe realmente ese punto medio, de consenso, al cual aparentemente puede acceder el grupo LGTBIQ sin aplicar ondas agresivas en el resto de la población?, o, ¿de qué depende que exista y en qué CAMPO sociocultural puede existir?


A través de mi última lectura, el libro “El acento en la diferencia”, publicado por la editorial Campo Letrado y, además, proyecto ganador de los Estímulos Económicos para la cultura 2020 otorgados por el Ministerio encargado de dicha área, puedo confrontar diferencias entre grupos socioculturales que, más que responder a la pregunta planteada, brindarían un mejor panorama en cuanto a la situación de dicho grupo minoritario. Como bien apunta Juan Carlos Cortázar, editor del libro, los relatos del libro difieren por lejos de la idea básica y tendenciosa del prototipo espectador que esperaría encontrar sexo a full entre personas homosexuales. Por supuesto, están presentes el coito y sus variantes orgásmicas, el culto al cuerpo, y todo lo enlazable a lo carnal, pero casi siempre como un acto natural a la vez que ilegítimo a ojos y juicio del principal óbice censurador: la sociedad. 


No, los relatos van por otra vereda. Antes de hablar de lenguaje y técnicas propiamente literarias, yo diría que lo que acopla el conjunto transita por un flanco que, más allá del reclamo de aceptación e inclusión, apela a una estética de muestreo de algo tan simple y a la vez engorroso como la búsqueda de fraternizar, sea en casos de amor, odio o deseo, pero siempre cuidando de no revelarse con peligrosa velocidad. Por supuesto, aparece en los textos el rechazo y las taras hacia lo LGTBIQ, pero el buen manejo de puntos de vista y el planteamiento nada forzado en algunos casos, alberga al lector en un plano donde el ser LGTBIQ es el punto de partida, el pacto establecido y para nada la principal sorpresa o revelación. Desde ahí, un punto a favor de la obra. Como apunte personal, cuando leía los cuentos, en casi ningún relato me distrajo o me encasilló la parte “gay” del asunto.


Volviendo a la interrogante del inicio, en su mayoría los personajes son seres cotidianos, de clase media, sin estrellas en la frente que les briden blindajes exclusivos, pero, sin embargo, al terminar el libro me quedó la sensación de que algo faltaba: okey, este grupo social es vulnerable, pero ¿qué tal, por ejemplo, un pandillero o matón de barrio que sea LGTBIQ? Aunque en el relato “Los bares que vi morir”, de Javier Ponce Gambirazio hay un guiño a ello, no se manifiesta mucho más al respecto en el resto de textos. Lo menciono sin intención de deslucir la labor del compilador, y más bien recordando una idea que me vino hace años al ver la película chilena Una mujer fantástica, ganadora del Oscar. ¿Qué tal una película/obra que junte en un solo personaje el racismo, el clasismo y lo LGTBIQ? Pues, como dice Alfonso, personaje de la película No se los digas a nadie al ser consultado por Joaquín sobre su odio a los gays: “solo a los cholos rosquetes, porque esos cojudos contaminan el ambiente.” 



*****



El libro contiene relatos de Gimena Vartu, Erika Almenara, Antonio Fortunic, Karen Luy de Aliaga, Javier Ponce Gambirazio, Sergio Galarza, Claudia Salazar, Jorge Ccoyllurpuma y Gabriela Wiener.


Para un mejor contexto, recomiendo empezar por la lectura de “Los bares que vi morir”, texto de J. Ponce Gambirazio, pues a modo de crónica, abarca un panorama real de lo que significaba ser gay para un sector poblacional en las últimas décadas. El texto puede enlazarse con “Matacabros”, de Sergio Galarza, relato ambientado en la extremadamente homofóbica década de los noventa. Un cuento que cumple, sencillo en forma, aunque un tanto obvio hacia el final, pero válido como fresco de una sociedad violenta y reprimida.


Destaco también los relatos “A ver, compórtense como señoritas”, de Karen Luy de Aliaga, compuesto casi enteramente por diálogos bien construidos a partir de pequeños datos que de a pocos y de manera dosificada van develando el hecho central. “Tríptico fronterizo”, de Claudia Salazar, un texto de voces y contextos distintos, cuya estructura fragmentada confina a cada personaje en algo así como una cárcel que es en apariencia pequeña al tiempo que muy difícil de quebrar.


Puede decirse que “Alessandrito”, de Antonio Fortunic, es uno de los textos más irreverentes del libro, y por ello más interesantes en cuanto a historias “desconcertantes”, pues, ¿qué tal una historia en la que el complejo de Edipo se dé entre hijo y padre?  

Cuando en “Nosotros no somos los únicos conspiradores”, de Erika Almenara, Tupac Amaru II acaba con el español Antonio Arriaga, se transgrede en parte la idea del héroe que encausa su fuerza hacia el bien colectivo. Hay secretos de carne y piel bajo toda causa, y los héroes finalmente son más de carne que de espíritu. 


El último texto del libro, “Tres crónicas”, de Gabriela Wiener, es la prueba de que para escribir sobre lo que ella escribe, se precisa (todavía) una geografía foránea. Tres breves crónicas aparecidas en El País de España, de difícil deglución en algún medio peruano. Una exploración distinta de la sexualidad, en cierto modo insurrecta, que marca distancia con el resto de textos justamente por su concepción. 


Asimismo, es destacable el prólogo de Juan Carlos Cortázar, que más allá de anunciar la sustancia del libro, es casi un ensayo sobre lo LGTBIQ y las fisuras de todo ser humano. 


Para culminar, considero que los puntos bajos del libro son los cuentos “Fábula de los cuerpos calientes”, de Gimena Vartu, y “El arquero celeste”, de Jorge Ccoyllurpuma. El motivo es su poca profundidad y el lenguaje por ratos exagerado, a pesar de sus historias para nada descartables.         


Ficha técnica:


“El acento en la diferencia”, de varios autores

Editorial: Campo letrado

Año 2021

119 páginas

Tapa rústica  


Reseña de "Retratos familiares", de Ricardo Sumalavia

 

                                                                                              Fotografía: Aarón Alva

Por: Aarón Alva


       A dos décadas de su publicación primaria, “Retratos familiares” de Ricardo Sumalavia, sustenta una propiedad que, ya en su origen, valía destacar: un libro de cuentos remoto a los mugidos expresivos que tanto el cine como la literatura peruana imperante de inicios de milenio dedicaban a la violencia política y social. Con la presente reedición se repite la sensación, si echamos ojo al globo de publicaciones actuales, cuyas preocupaciones formales y estéticas transitan otros renglones, sin que eso sitúe al libro en el baúl de lo caduco. 


  Definitivamente, “Retratos familiares”, da luz de un Sumalavia cuentista con mejor ojo que el enfocado en su composición novelística. Los ocho relatos que equipan la obra se construyen con silencios muy bien situados, datos escondidos y sobre todo la dirección de la carga sensible que, justamente por aquella técnica del silencio, funciona sin necesidad de epifanías o explosiones de acción. Con reminiscencias al estilo chejoviano, aquí los finales carecen de la importancia vital de los cuentos clásicos y dejan más bien una especie de camino de sondeo interior en los personajes, abandonados en cierto modo a su suerte y atareados con más dudas que certezas, sin que esto signifique un truco mal planteado para el lector. Casi como en una fotografía y en los conceptos del lenguaje, los instantes retratados en el libro exponen un significante nada fácil de transformar en significado, debido a la sencilla cotidianidad de sus protagonistas, a la aparente simpleza de sus tramas: un hombre encargado de dar el pésame a una viuda; un padre que recoge a su hija en el aeropuerto; la convivencia de dos hermanos; un joven que conoce al padre de su pareja, entre otros.


Lo simple, sin embargo, encubre aquí tejidos humanos carcomidos por pasiones siniestras y en muchos casos por golpes afectivos impasibles de evadir, pero que reviven en sugerencias de violencia contenida. Por ejemplo, en “Puertas marrones”, no solo es apreciable lo oculto, sino lo mostrado de una forma sutil y en apariencia distractora en la escena de la hija cantando y el hermano agresivo. Aquí el narrador despega su ojo del supuesto hecho central, para esbozar el verdadero daño, o en todo caso, los verdaderos dañados de aquel hecho que no se dice. Ocurre lo propio en el relato “Los climas”, donde el clímax central va configurándose en un clima poco propenso a ser percibido por el narrador en primera persona. Sobresale también el relato “La herida”, donde el autor escoge con vista certera los detalles notados por sus personajes, vanos en aspecto, pero fundamentales a la hora de montar el escenario total. Presenciamos aquí cómo un recuerdo de infancia, presuntamente superado, y del que incluso se habla con naturalidad, termina por demoler las expectativas a futuro de casi toda una familia.  Es, entonces, en el terreno de lo familiar donde Sumalavia explora un aspecto de la vida ineludible como son los secretos, pero sin decodificarlos del todo, es decir, sin caer en el egocentrismo de entregar verdades al lector, sino sumiéndolo en una extrañeza tan potente como oculta en lo cotidiano. 


Sin duda, a Ricardo Sumalavia le viene mucho mejor lo breve que la novela. No hace mucho se reeditó también su obra “Enciclopedia mínima”, publicada originalmente en 2004, libro siguiente a “Retratos familiares”. Hay en su trabajo breve fuerza y profundidad, cierto descaro exhausto y apagado en  “Historia de un brazo”, su última novela.  


El lenguaje en “Retratos familiares” no está mal, es sencillo, de lectura rápida, sin abarrotar descripciones inservibles. No hay gran experimentación estructural, pues lo importante va por otro lado; tampoco encuentro textos malos, pero sí menores, en todo caso, como “La ofrenda” y “Familia”, blandos y por ratos aburridos en relación a los citados arriba.

 

Es puntual el prólogo de Pilar Dughi extraído de la presentación del libro en la cual participó la autora, pues parte de la obra de Dughi es hermanable a “Retratos familiares” en aquel toque Chejoviano, no muy explorado en la literatura peruana. 


Ficha técnica: 

“Retratos familiares”, de Ricardo Sumalavia

Reedición del autor

Año 2021

122 páginas

Tapa rústica            


Reseña de "Habitar el desasosiego", de Eric V. Álvarez

                                                                                                  Fotografía: Aarón Alva

Por: Aarón Alva


    Allá por finales de 1924, luego de haberse publicado por primera vez La montaña mágica de Thomas Mann, el júbilo y solemnidad en el rostro de lectores jubilosos y solemnes, debe haber estallado como una bomba de triunfo, si se piensa que estos lectores, sea por casualidad o aventura intelectual, se dieron la chance de ojear un tal Ulises, de un tal James Joyce, que dos años atrás había presentado un artefacto prácticamente extraterrestre para aquel tipo de lectores. No muchos años atrás había ocurrido lo mismo en el mundillo del arte con Marcel Duchamp y su “obra” Urinario, así como más tarde con Warhol y sus Cajas de brillo. Había muerto el arte, o en todo caso, empezaba a aparecer el “arte luego del fin del arte”, en palabras de Arthur Danto. En fin, los términos sirven aquí solo como postas de división temporal para dejar en claro algo que a, veces, cuesta admitir y, muchas veces, peor aún, cuesta tatuar en la piel: ya no puedes escribir – pintar- esculpir- así. Esa forma ya murió. 


    Esta semana leí la novela “Habitar el desasosiego” del escritor Eric V. Álvarez (La Oroya, 1982), publicada por editorial Quimérica, y la sensación emanó con la sustancia del párrafo anterior. La obra narra dos historias: el periplo del literato peruano Javier Deustua, cuya búsqueda de Bernardo Soares (heterónimo de Fernando Pessoa), lo conduce a la muerte; y la historia de la provinciana portuguesa Isadora, especie de ideal femenino de casi todos los personajes varones. Si bien ambas historias distan de diez años, conllevan una a la otra y funcionan como símil de dos viajes en apariencia distintos, pero que comparten un mismo fin: tanto Deustua como Isadora, buscan en el fondo una “vida” nueva, un rescate espiritual, ambos embarullados por la presencia de Bernardo Soares. 


    Bien, como disparador la idea es interesante. Una novela sobre heterónimos de Pessoa (no solo Soares, también Alvaro de Campos, entre otros), sobre el panorama literario de la época desde el punto de vista de un peruano, sobre la escritura en sí, que, si bien es un tema manido, no dejará de variar cada lustro o década a lo mucho, sobre las obsesiones, muerte, etc. El problema principal está, sin embargo, en la forma, el tono y el seno temporal donde V. Álvarez encausa su búsqueda. Vamos por partes: abre la novela con la llegada de Deustua a Lisboa y una descripción muy a lo Siglo XIX de una ciudad: “La neblina envuelve a las personas con una capa de humedad…”, “la imagen recortada de los edificios contra el cielo, como en una pintura, afantasmados por esa aureola de vapor.”; “las colinas que compara con gigantes dormidos”, y sobre todo ese tono sombrío y melancólico que, desde el inicio, se auto sabotea al chismear al lector que el personaje ha venido a morir, y lo hará en búsqueda de una “verdad”, tal como las novelas decimonónicas. Tal cual ocurre en la llegada de Isadora, también a Lisboa: 


“¿A qué has venido, muchachita?, le dijo él, cuando empezaron a caminar por una de las veredas, cobijados por los espaciosos alerones que sobresalían de los edificios. “He venido a buscar una vida: la mía”. 


    Entonces, desde el vamos, el lector sabe cómo y por dónde acabará la cosa. 


A esto se suma el tipo de conversaciones en extremo solemnes y engoladas acerca del “arte puro” y aquel idealismo encorsetado del escritor como tipo solitario, impenetrable, un odiador del mundo, misterioso, y he aquí otro de los fallos en la obra: se pinta desde el inicio una idea de enigma, casi de ídolo hacia la figura de Soares por parte de Deustua, pero al conocerlo y oírlo hablar, el lector se topa con un personaje más, descrito con cierto facilismo y prisa, sin alcanzar, por ejemplo, la tensión aventurera de “Los detectives salvajes” al buscar a Cesárea Tinajero. Todo ello, sin contar que gran parte de la novela se acoda en lo que parece más un problema de triángulos amorosos que por ratos abruma y distrae.  

   

Otro planteamiento erróneo por parte del autor es el uso del lenguaje, otra vez demasiado a la antigua, sin lugar en ningún momento para el humor, el sarcasmo, la ironía. Recordemos, por ejemplo, que, si bien, La montaña mágica de Thomas mann fue calificada como la última obra romántica, no es del todo una novela solemne, o en todo caso, contrapone personajes tan graciosos como el señor Alvin o el holandés gigante y hippie, que equilibran las conversaciones encorbatadas de Settembrini y Naptha, sin dejar de tocar temas como la muerte o los torrentes de caos espiritual que remojan a los personajes.   


Un siguiente punto flaco es el ojo muy descriptivo de movimientos, calles, cielo lluvioso (una figura quemada en la misma obra), que cargan la obra con información en extremo sobrante.


Por otro lado, pienso que el autor ha dejado pasar un material más que interesante en la obra: la aparición de un fanático nazi. Aquella parte de la historia sí que hubiese dado un equilibrio aun mayor y un mejor simbolismo a la idea de la muerte y enfermedad que trota en la novela. Aquel fanatismo representado por ideales nocivos, en apariencia racionales, es pan nuestro hasta el día de hoy. La historia de Deustua, Soares e Isadora por un lado, y la del nazi fanático por otro. Total, en el fondo son todos propensos a morir por lo que buscan. Son todos unos románticos. Ojo, no es que los tiempos repartidos en el caso de Deustua e Isadora no funcionen —de hecho dan respiro al libro —, pero opino que el contraste más explotable se daría con la historia más desarrollada de Anton Drexler, el joven nazi.

 

Cierro el texto con una experiencia personal. Hace dos días vi en Netflix la versión hollywoodense de Ana Karenina de León Tolstói. Como todo intento de adaptación cinematográfica de un monstruo novelesco, termina siendo escuálida en cuanto a personajes, casi un resumen faltoso a pesar de sus dos horas de duración. Sin embargo, los productores saben que más faltoso sería calcar un escenario de siglos atrás, sin un soplido de modernidad. Si se animan a verla, fíjense en la ambientación. Solo diré que representa bien lo “cerrado” del pensamiento pasado. 


En tres semanas llegaremos al 2022.     



Cronograma de actividades Feria del Libro en Pueblo Libre

 


Actividades que se realizarán el MARTES 16, MIÉRCOLES 17 Y JUEVES 18 de noviembre como parte del programa cultural de la Feria del Libro Pueblo Libre “Ciudad con Cultura”.



POESÍA (martes 16 de noviembre)

Conversatorio y Recital con Miguel IldefonsoEl poeta peruano, Premio Nacional de Literatura 2017 en la categoría poesía, dará una charla sobre su obra y leerá poemas de su autoría. Hora: 6:30 p.m. a 7:15 p.m. Lugar: Parque Candamo (Av. Sucre, cuadra 3, Pueblo Libre). Ingreso libre.

 

LIBRO (martes 16 de noviembre)

Presentación del libro “Covid-19. Memorias del confinamiento”. En este libro publicado por Almandino Editores de Juliaca, autores de diversas partes del país plasman sus vivencias durante los primeros meses de cuarentena. Comentarios a cargo de dos de sus autores Walter Alexis Velázquez, Jorge Cabrera Gómez y Alex Suyo, representante de Almandino Editores. Hora: 7:30 p.m. a 8:15 p.m. Lugar: Parque Candamo (Av. Sucre, cuadra 3, Pueblo Libre). Ingreso libre.

 

LIBRO (miércoles 17 de noviembre)

Presentación de libro “Relatos esquizofrénicos”. Presenta: Editorial Apogeo. A cargo de Ángel Valeriano (autor), Dr. Teobaldo Llosa (comentarista) y Efer Soto (editor). Hora: 6:30 p.m. a 7:15 p.m. Lugar: Parque Candamo (Av. Sucre, cuadra 3, Pueblo Libre). Ingreso libre.

 

HOMENAJE (jueves 18 de noviembre)

“Magia, trayectoria y vida de Cronwell Jara Jiménez” (Homenaje al gran autor de Montacerdos). Con la participación del escritor homenajeado y Jorge Ureta Sandoval (crítico literario y editor general de Eris editorial). Organiza: Eris editorial. Hora: 4:30 p.m. Lugar: Parque Candamo (Av. Sucre, cuadra 3, Pueblo Libre). Ingreso libre

 

RECITAL LITERARIO (jueves 18 de noviembre)

Recital de poesía y narrativa breve: Literatura Fotográfica. A cargo de Alejandra Mesones Fajardo, Rafael Ballena Descalzo, Eduardo F. Pucho V. Presenta: Editorial Autómata. Hora: 5:30 p.m. a 6:15 p.m. Lugar: Parque Candamo (Av. Sucre, cuadra 3, Pueblo Libre). Ingreso libre.

 

LIBRO (jueves 18 de noviembre)

Presentación de libro “La nación peruana a Don José de san Martín (antecedentes e historia de una plaza y un monumento al libertador del Perú)”. A cargo de Clody Guillen Alban (autor). Presenta: Editorial Letra. Hora: 6:30 p.m. a 7:15 p.m. Lugar: Parque Candamo (Av. Sucre, cuadra 3, Pueblo Libre). Ingreso libre.

 

REVISTA (jueves 18 de noviembre)

Presentación de la revista Kametsa. Comentarios a cargo de Walter Velásquez Mendoza y Alex Junior Chang. https://revistakametsa.wordpress.com/ Hora: 7:30 p.m. a 8:15 p.m. Lugar: Parque Candamo (Av. Sucre, cuadra 3, Pueblo Libre). Ingreso libre.

Editoriales independientes invitan al público visitar a la ANTIFIL

Foto: Aarón Alva / Cuenta Artes




La Asociación Guadalupana acoge la presente edición de la Antifil, hasta el domingo 24 de octubre. Podrán disfrutar de eventos y diversas promociones de las editoriales: El Gato Deslcazo, Pesopluma, Pandemonium, Alastor, Libería Heraldos, entre otros.

Sorteo: Ganadores del libro Trashumancia de Gerardo Figueroa


La suerte esta vez fue para Natalia Alva y Celia Elizabeth Valenzuela Coronado
Muchas felicidades y disfruten del libro Trashumancia de Gerardo Figueroa G ♥



Conoce un poco más sobre el libro en la reseña literaria escrita por Aarón Alva

Actividades del 3er Encuentro de Escritoras Peruanas Icpna 2021

 


Martes 21 de setiembre / / 7:00 p. m. a 9:30 p. m.

Mesa: ¿Cómo imagina la ley a las mujeres?

La legislación peruana ha demostrado en más de una ocasión no estar del lado de las mujeres. Tanto las leyes como quienes las interpretan y aplican han demostrado más de una vez un sesgo machista, ¿qué se puede hacer al respecto?

Participan: Julissa Mantilla, Beatriz Ramírez y Violeta Bermúdez

Moderadora: Paula Távara

Actividad artística:  video poesía por Ana Vera

Link de acceso: https://bit.ly/3DPPL9D.

 

Para acceder a más información sobre el evento se debe ingresar a cultural.icpna.edu.pe o facebook.com/bibliotecasicpna

 

Sobre Violeta Bermúdez: Presidenta del Consejo de Ministros del Perú (2020 - 2021) Magister en Derecho con mención en Derecho Constitucional, grado otorgado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Abogada, graduada en la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y docente en la Facultad de Derecho de la PUCP desde el 2003. Es autora de los libros "Género y Poder. La igualdad política de las mujeres" (2019) y "Género y Derecho" (2021). Ejerció el cargo de Presidenta del Consejo de Ministros del Gobierno de Transición y Emergencia, liderado por el Presidente Francisco Sagasti (noviembre 2020-julio 2021).

 

 

Reseña y crítica de "Selección Peruana 2015 - 2021", antología de cuentos

 

                                                                                                   Fotografía: Aarón Alva


Por: Aarón Alva 


La reciente convocatoria para la Selección Peruana 2015 – 2021, realizada por Ricardo Sumalavia y publicada bajo el sello de Editorial Estruendomudo, deja una buena impresión en los primeros alientos del bicentenario. Destaca la pluralidad de autores, hombres y mujeres, como también el temperamento ecléctico de sus cuentos seleccionados. A diferencia del grupo anterior (S. P. 2000 – 2015) el actual volumen reúne textos que no se emparentan en cuanto a historias y unilaterales actos sociales, sino que respira el aire de una generación que esculpe su literatura a través de múltiples y originales estímulos. La formación tiene en sus filas a Charlie Becerra, Malena Newton, Luis Francisco Palomino, María José Caro, Romina Paredes, Yero Chuquicaña, Gimena Vartu, Cristhian Briceño, Stuart Flores, Andrea Rivera Carrillo y J.J. Maldonado.


Antes de leer el libro y ver los nombres convocados, uno podría sorprenderse por las ausencias, principalmente por la de Miluska Benavides, recientemente antologada por Granta como unas de las mejores voces latinas menores de treinta y cinco años; sin embargo, el prólogo del director técnico explica esta y otras ausencias y sus motivos, así como los criterios de selección. Este nuevo equipo está conformado por escritores nacidos entre 1985 y 1996, cuyos primeros libros publicados no pasan de tener cinco años de ver la luz. Además, otro punto desemejante en comparación al equipo anterior, es su actual residencia, pues vienen desarrollando su carrera desde y en tierras peruanas. 


No obstante, solo una de las autoras no tiene aún libro publicado, pero esto no perjudicó ni puso en duda su integración al seleccionado, tal como apunta el DT. Nos referimos a Malena Newton, cuyo caso peculiar destaca no solo por lo mencionado, sino porque su cuento “Un tipo ex”, es realmente una grata sorpresa en cuanto a forma y estilo. Se trata, pues, de un texto aislado del sistema escritural manido y clásico, que impregna su prosa con un juego lúdico, paródico, excelentes e inteligentes símiles, reuniendo elementos pop y dejando de lado el usual remate catártico y redondo. La historia de fachada va de una chica empleada en el singular servicio de terminar relaciones. 


Algo similar en cuanto a distanciamiento escritural, se aprecia en el cuento “Los trabajos”, de Cristhian Briceño, donde el lector asiste a un mundo distópico, controlado por tiranos que se sirven de la oscuridad como fuente fecunda de poder. Tal como lo mostró en su último libro (Su seguro servidor), Briceño traslada con éxito su plano narrativo hacia dimensiones carentes del desorden moral imperante hoy en día.


Personalmente, considero a los cuentos arriba citados como la dupla ofensiva de la Selección Peruana. 


“Aura azulada”, de Andrea Rivera sobresale por reflejar un tema que poco a poco se va librando del estigma impuesto por una sociedad vieja y censuradora: la depresión. Con un lenguaje correcto y sensible, la narradora recrea su trajín personal como persona alejada de sí misma y su entorno cercano. Siendo Andrea la narradora más joven de esta selección (1996), su relato da luces de una generación en muchos casos apegada al ensimismamiento, pero capaz de reflotar sus propias alas, sus propios poderes desde la soledad. 


Los planos oníricos son explorados en “La piel fría”, cuento de Stuart Flores, galardonado con el Premio Copé Oro 2018. El autor se aleja del realismo, creando la ilusión de capas neblinosas en las que el subconsciente del protagonista deambula sin hallar calma al malestar producido por una pérdida amorosa. El texto presenta una interesante forma de abordaje, sin embargo, se hace un tanto largo y pierde fuerza hacia el final debido al tono algo flojo de los diálogos.


El relato “Hambre” de Yero Chuquicaña, trae la cuota “serie b”, a la selección. Influenciado por películas de ese tipo (además de sus literales referencias dentro del texto), narra una escena algo tragicómica, donde la pareja del protagonista revela la extraña costumbre de comer objetos bizarros, y termina por “transformarla” en un ser feroz. Un guiño al género fantástico. Es un cuento divertido y ligero, pero no mucho más allá de una anécdota ocurrente ni gran trabajo en cuanto a lenguaje. No hace mucho, Chuquicaña participó en otra antología con el cuento “Tony Montana”, el cual es de lejos superior al presente. 


“Hijo de Dios” de J.J. Maldonado, un relato cercano al hiperrealismo, pinta la historia de un asesino en serie, ubicado en Ñaña, que se considera a sí mismo un elegido por el plan divino para “pokerizar” (palabra tomada de la novela Apocalipsis de Stephen King) a toda clase de seres que sus ojos y pensamiento tildan de abominación. Abunda la violencia y sadismo del personaje, pero también un lado blando y en cierto modo sumiso que lo llevará a torcer su misión en busca del propio aniquilamiento como redención. 


Hasta acá, los cuentos mencionados se desprenden del habitual semblante del realismo.


En “Beirut”, cuento de María José Caro, está muy presente el tema del abuso de poder y violencia perpetrado por una clase media alta ofuscada con quienes no tienen más que nombre y apellido. La mirada sensible y contenida de Macarena (la niña narradora) es capaz de advertir aquel abuso desde su infancia y sentir, a través de imágenes narrativas muy bien logradas, lo que en futuro quizá podría regir su modo de vida. Con un lenguaje sencillo, pero bien dosificado, María José Caro perfila un retrato violento a la vez que poco transigente de un sector social que, en apariencia, promulga lo contrario. 


La violencia, esta vez ejercida contra los niños, aparece también en “Turbo Berguer”, de Luis Francisco Palomino. Un grupo de menores de edad descubre con horror y en propia piel el fondo voraz y corrompido de gente al acecho de carne inocente. Destaca en el relato el lenguaje directo, heredero del realismo sucio, y el buen uso del dato escondido como técnica narrativa; además, el cómo encubre un hecho traumático sin necesidad de revelar detalles, calibrado bajo la narración en apariencia inocente de un niño.


Si bien restan tres cuentos por citar, considero que existe en ellos un desnivel en cuanto a calidad. “El niño sagrado de Puchi”, de Gimena Vartu, a pesar de ser una estampa alegórica que en principio promete, decae al no clarificar con pistas adecuadas el móvil de su protagonista. No estoy de acuerdo en esta ocasión con las palabras del DT en su prólogo, al afirmar que el texto inserta lo absurdo como estrategia narrativa, pues, claramente, se aprecia todo lo contrario. Lo mismo sucede con el cuento “Kintsugi” de Romina Paredes, el cual narra una historia familiar que no conduce a ningún lado y ralentiza la lectura. El texto contiene una imagen final bastante fuerte (las rajaduras de la cerámica) que, sin embargo, la autora podría haber usado como punto de partida y darle mejor aprovechamiento. El cuento, “Seis mosquitos ciegos”, de Charlie Becerra, el único texto policial del volumen, adolece en el uso del lenguaje demasiado simple y nada literario, además de sus personajes y escenas un tanto acartonadas. No es una mala historia, pero el autor no ha ido más allá de descubrir el fósil y no reconstruirlo con las herramientas adecuadas, en palabras del buen Stephen King.   


  No menos interesantes, son las entrevistas a cada autor/a en la cola del libro. Me quedo con la reunión de ideas acerca de la narrativa peruana actual, donde se comparte el divorcio con la antigua generación y sus preocupaciones formales y estilísticas y se alumbra la nueva construcción de un camino propio. A esta seria de diez preguntas, (narrativa peruana actual, autores/as favoritos, trabajos de cada uno, dificultades por escribir, redes sociales, intelectualidad, etc) yo añadiría: ¿es posible (y/o deseable) la canonización literaria en tiempos donde, con seguridad por cada cinco segundos de respiración, se imprime una nueva obra? ¿o es que la literatura, al igual que en mucha música, está encaminada a convertirse en una canción de como mucho dos minutos de duración y luego “ya, ahora otro libro”?


En resumen, la nueva Selección Peruana llega al campo de juego con buen pie, entrenada con los recursos de su tiempo y fresca de cara a lo que viene. Buen trabajo del DT Sumalavia al elegir su equipo, aunque, siempre, por supuesto, y es lo natural y hasta saludable, haya dudas de si tal o cual es el idóneo en su posición. 


Libro recomendado. 



SOBRE EL LIBRO:


Selección por Ricardo Sumalavia.


Escritores/as: Charlie Becerra, Malena Newton, Luis Francisco Palomino, María José Caro, Romina Paredes, Yero Chuquicaña, Gimena Vartu, Cristhian Briceño, Stuart Flores, Andrea Rivera y J.J. Maldonado.


 Año: 2021


240 páginas 


Tapa: Rústica


Puntos de venta: Principales librerías de Lima y a través de la página de Librería Estruendomudo y vía Whatsapp:


Tienda Online: +51 945 888 527


Larco – Av. Larco 508, Miraflores | L-S 9:00am a 7:00pm D: 10:00 am a 8:00pm

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Reseña y crítica de la novela "Discerpo" de Víctor Lozada

                                                                    Fotografía: Aarón Alva
                                             



Por Aarón Alva

 

Escrita en 2017, la novela “Discerpo”, del autor arequipeño Víctor Lozada, publicada este 2021 por la editorial Animal de invierno, congrega sin querer elementos análogos al actual proceso pandémico. Sin embargo, más allá de contagios, mascarillas y planes gubernamentales en común, lo que descuella en el texto por su originalidad es la consecuencia final de haberse infectado con Discerpo (nombre del virus ficticio), pues a diferencia del ordinario desenlace mortal, lo que se pierde aquí es la capacidad de sentir, de engendrar emociones. Así pues, la humanidad inventada por Lozada, queda fisiológicamente sana, pero inerme ante el poder dictador de la razón. Cero sentimientos, cero emociones.


Esto, por supuesto, conduce a la humanidad hacia corolarios escabrosos, donde el código imperante parecer ser “yo tengo razón y tú no, por eso debes morir”. Se ilumina de ese modo una aguda crítica al mundo real, el mismo que, se supone, promueve lo contrario. Todo ello lo percibimos a través del personaje narrador, un periodista encargado de cubrir la pandemia, que sufre sus consecuencias en carne propia y asiste a la caída de su entorno familiar, amical y amoroso. En paralelo, la población mundial empieza a fraccionarse aún más, e ideologías como el pesimismo, nihilismo y anarquismo pasan a la acción a través de suicidios masivos, guerras, robos, violaciones y asesinatos, libres del sondeo emocional y sentimental.


Canalizada en la distopía, “Discerpo” cuestiona el presente de una sociedad a la que más le vale cultivar lazos reales de convivencia, pues no hacerlo la llevaría al auto desmembramiento en un futuro cercano.


“Sentir, esa palabra, ese verbo, ya no tiene un significado, tal vez una historia, pero nada más. Es como tratar de recrear el sabor de algo específico cuando tienes la boca vacía y, peor aún, cuando sabes que ese sabor nunca más lo probarás”.  


No obstante, a pesar de su atractivo en cuanto a historia, la novela decae en lo referente a forma, tratamiento de personajes, lenguaje y sobre todo en la falta de un norte propio, más allá de lo expuesto como punto de partida. Está bien, tenemos un planteamiento bastante trillado, pero no por eso agotable: una pandemia, sea de zombis, virus o bacterias, que corrompen la vida humana. Los sobrevivientes se matan, luchan por sobrevivir y conjuran —o no— alguna clase de esperanza. En “Discerpo”, el inicio termina siendo prácticamente el final, y todo lo central queda como el bloque expositivo de lo que podría desarrollarse después. Pienso, por ejemplo, en “Apocalipsis” de Stephen King, uno de los pilares maestros de obras pandémicas, en la que sus primeras trescientas páginas —o quizá más—, presentan el triunfo del virus y a los protagonistas que sufrirán sus consecuencias. Pierden también familiares, parejas, amigos, pero es partir de entonces que presenciamos el desarrollo de una sociedad por completo nueva y no simplemente acabada en la predecible derrota del protagonista.      


Por otro lado, si bien la prosa en “Discerpo” se percibe como “correcta”, termina siendo insípida y llana, sin buscar un estilo más allá del meramente directo y funcional. Esto juega un mal papel incluso en los momentos álgidos, donde el lenguaje no transmite la tensión propia del momento. Otro punto a reparar es el uso por ratos erróneo del tiempo gramatical, pues desde el inicio se emplea el tiempo presente, ya que el relato está siendo escrito por el protagonista; sin embargo, el párrafo final exhibe:


“Golpean la puerta y gritan para que la abra. Ya me encontraron. Aún no sé qué voy a hacer cuando me pidan que reclute para ellos. Tal vez estoy a minutos de ser asesinado. Una vez conectado el internet, abrí la función de subir un nuevo artículo. Continúan los golpes en la puerta. Apenas entren, presionaré el botón de publicar. Comencé a escribir frenéticamente, sin entender en un principio lo que estaba redactando. Supongo que quería seguir buscando una decisión. No sé si lo escrito tiene sentido. (…)” . 


 Otro punto blando son las reflexiones del narrador, las cuales pecan de inocentes y obvias y estropean el ritmo de la trama:


“Si toda una vida escuchamos por parte de empresas, personas ajenas (…) que para ser feliz se debe tener una casa, un físico esbelto, tal vez siempre hemos estado enfermos. Olvidamos cómo conocernos, por qué queremos lo que queremos, por qué somos como somos…ya nadie nos puede decir qué es y cómo se consigue la felicidad, o quiénes debemos de ser”.


En resumen, lo resaltante en “Discerpo” es su historia, global y polemizante; sin embargo, debido a sus desaciertos en cuanto a forma, esta queda solo como una buena partida que termina por ahogarse en medio de la carrera literaria.  



DATOS DEL AUTOR:


Víctor M. Lozada Andrade. Nació en Arequipa, Perú. Tiene licenciaturas en Economía Política y Psicología de la Universidad de Georgetown en Washington D.C., Estados Unidos, y un Máster en Administración de Negocios del Instituto de Empresa (IE Business School) en Madrid, España. Ha trabajado en comunicación empresarial, manejo estratégico de medios digitales, emprendimientos tecnológicos y publicidad, en países como México, España y Malasia. Su primera novela publicada es “El sueño de Cerbero” (Surnumérica, 2018). Actualmente vive en Arequipa.


 

SOBRE EL LIBRO:

Autor: Víctor M. Lozada Andrade

Año: 2021

Editorial: Animal de Invierno

144 páginas

Tapa: Rústica

Puntos de venta: principales librerías en Lima y Arequipa, y a través de la web de Animal de Invierno: https://animaldeinvierno.com

Lanzarán novela peruana inspirada en una pandemia mental

 


·         “Discerpo”, escrita en el año 2017, cuenta cómo sería el mundo si una pandemia causara que los seres humanos pierdan la capacidad de tener emociones y sentimientos

 

·         Con un manejo fino de la trama, Víctor M. Lozada nos sumerge en un universo en el cual las armas que nos atacan provienen de nuestras propias mentes

 

A través de la colección La Jauría, la editorial Animal de Invierno llevará a mediados de julio a librerías en Lima y Arequipa la novela titulada “Discerpo”, escrita en 2017 por el escritor arequipeño Víctor M. Lozada. En ella, a manera de una involuntaria premonición, el autor relata la historia de un mundo que es atacado por una extraña pandemia, cuyo efecto ocasiona que sus víctimas pierdan toda capacidad de tener sentimientos y emociones.  

 

Esta novela distópica de gran carga filosófica y emotiva, con pasajes de acción y suspenso, no solo funge como una versión análoga a lo que el mundo está viviendo a razón de la pandemia actual, sino que, como menciona el crítico literario José Carlos Yrigoyen: “Discerpo (…) funciona como un catálogo de nuestro presente, nomenclátor de la realidad circundante o diagnóstico de una especie que oscila sin cesar entre la esperanza y el exterminio”.

 

En relación a las similitudes entre lo que se relataba en la obra y lo que estamos viviendo, Víctor M. Lozada comenta: “comencé junto a la editorial Animal de Invierno la edición de la obra a inicios de este año y, para sorpresa de todos quienes trabajamos en el manuscrito, encontramos partes que parecen ser descripciones precisas de lo que está sucediendo”.

 

“Discerpo” promete llevar a sus lectores en un viaje que no solo les haga reflexionar sobre la sociedad en la que actualmente residimos, sino que también les hará transitar por sus respectivas mentes mientras se preguntan sobre el papel que juegan sus sentimientos y emociones a la hora de definir sus respectivas vidas y cómo se transformarían si solo pudieran utilizar su razonamiento.

 

Pueden leer gratuitamente las primeras 13 páginas de la novela accediendo al siguiente link: https://bit.ly/discerpoadelanto2021

 

DATOS DEL AUTOR:

Víctor M. Lozada Andrade. Nació en Arequipa, Perú. Tiene licenciaturas en Economía Política y Psicología de la Universidad de Georgetown en Washington D.C., Estados Unidos, y un Máster en Administración de Negocios del Instituto de Empresa (IE Business School) en Madrid, España. Ha trabajado en comunicación empresarial, manejo estratégico de medios digitales, emprendimientos tecnológicos y publicidad, en países como México, España y Malasia. Su primera novela publicada es “El sueño de Cerbero” (Surnumérica, 2018). Actualmente vive en Arequipa.

 

SOBRE EL LIBRO:

Autor: Víctor M. Lozada Andrade

Año: 2021

Editorial: Animal de Invierno

144 páginas

Tapa: Rústica

Puntos de venta: principales librerías en Lima y Arequipa, y a través de la web de Animal de Invierno: https://animaldeinvierno.com

 


 

Reseña de “El chongo peruano”, de Alexander Huerta Mercado

 


Por Aarón Alva

No hay día en la actualidad en que las plataformas virtuales suspendan la producción de memes. Es tan común verlo expuestos al por mayor, que muchas veces terminan siendo los primeros en informar una noticia, hecho de interés común, o sencillamente algo de orden trivial.  Todo es “memeable”, entendiendo a aquel chiste gráfico, como un ramal del humor en general. Y es el humor algo así como un fuego travieso que condensa el chongo y la radiografía cultural de una sociedad. De eso va “El chongo peruano”, ensayo del antropólogo Alexander Huerta Mercado, publicado en 2019 por la editorial Estruendomudo.  

 

El texto abre con una broma muy “peruana”, que orienta el discurso de la obra. Un cómico callejero del centro de Lima dice “A Túpac Amaru le pusieron cuatro caballos y él hacía ejercicios con ellos”. Luego señala a un tipo bajito entre la concurrencia y remata: “En cambio, a esta cagada, cuatro cuyes lo descuartizan.” Desde ahí uno entiende de qué va la cosa con los histriones peruanos: el humorista peruano no se burla de sí mismo (a diferencia del stand up norteamericano), sino del “otro”, de su físico, género y procedencia. Así pues, el autor erige su idea de pensar a Lima como una ciudad de encuentros difíciles y conflictos de interacción. De aquí se desprende, pues, otra idea: nuestro tránsito a través de los siglos como ex colonia, que clasificó a la población en dos ligas distintas: marginadores y marginados. 

 

Huerta clarifica otra de las funciones muy peruanas del chiste: su función para decir todo aquello que está prohibido. Esto, a su vez, tiene un gen histórico en Freud, para quien el chiste funciona como rendija de salida a todo aquello que se reprime dentro de cada persona y que no podría expresarse libremente. Sobran los ejemplos, principalmente en cuestiones políticas y sociales. Pero todo chiste funciona solo dentro de una comarca local. Cada sector de la población ha erigido sus propios símbolos, gusto y agentes de burla. Para que alguien goce de un chiste es necesario su previo ajuste a un sistema de signos. Los chistes no son universales y en ellos no cabe la palabra “justicia”.    

 

Pero, ¿qué causa la risa?  Huerta cita al filósofo Immanuel Kant, quien emparenta la risa con una acción de sorpresa. Si vemos, por ejemplo, a un individuo caminando, nuestra mente presupone que continuará su ruta sin trabas, pero si de pronto la caca de un pájaro ensucia su pelada, se producirá en nosotros una tensión inconsciente y así una reacción respiratoria bautizada como risa. En este punto, el autor, elegante y astuto, nos invita a contemplar cualquier video recopilatorio de accidentes. Quién no recuerda el reciente “Coffin dance”, aquel compilado de accidentes, cuyo desenlace es repentinamente cortado para ponchar a un grupo de sepultureros bailando con el cajón mortuorio en los hombros. ¿No es acaso un gran surtidor de risa? Ahora mismo, mientras relajaba los dedos al escribir la presente reseña, abrí mi pantalla de Facebook y me reí por un meme: un tipo en traje de oficina maneja una bicicleta y sobre su cabeza se lee: “Dios, tengo 30 y sigo en bici, ¡mándame un carro!”, y en la imagen inferior, el tipo recibe el golpazo mortal (y quizá divino) de una camioneta.        

   

Volviendo al cuadrilátero peruano, el autor analiza y describe la aparición de personajes irreverentes en la segunda mitad del siglo 20, que a la par de sus bromas, mapeaban la realidad social del momento. Así pues, entre distintos nombres, da luz sobre tres eventos populares emblemáticos: El programa Trampolín a la fama; los cómicos Melcochita y Miguel Barraza; el boom de las vedettes de los años 90.

 

Así pues, El Chongo peruano es un ensayo de lectura dinámica, que articula con solvencia lo popular y lo teórico filosófico (Kant, Aristóteles, Freud) acerca del chiste, y analiza su uso como arma de combate y balanza de poder en una sociedad ensamblada a punta de competencia y descrédito de los unos hacia los otros.

Libro recomendado.

 

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