Comentario a "Desobediencia Civil", de Henry David Thoreau

 

                                                            Fotografía: Aarón Alva


Por Aarón Alva



Hace un tiempo detuvo mi atención en una calle limeña un panel municipal sobre el monto pecuniario impuesto como multa a quienes alimenten palomas en la vía pública. Más allá de producirme cierto exhalo de gracia, me pregunté cuántas multas de esa clase llevará impuestas tal municipio. Sencillo, me dijo alguien, acércate a la municipalidad y lo solicitas como información pública. 


Sencillo, ¿no?


Sí, si es que tal información, que a fin de cuentas constituye un derecho, representa un edicto natural y libre en nuestro propio mapa como ciudadanos del día a día. La pregunta es, ¿todas las personas de todos los estratos sociales conocen este derecho tan básico? La respuesta se hunde en las vísceras de la negatividad con una fuerza espinosa, difícil de remontar. Realizo aquí un salto hacia 1849, precisamente a la frase el gobierno no educa, escrita en la obra “Desobediencia Civil” de Henry David Thoreau. Si bien el caso por el cual Thoreau se hizo conocido difiere un poco en forma, considero que comparte una esencia primaria con el ejemplo citado líneas arriba. 


Recordemos. Henry David Thoreau fue encarcelado por negarse a pagar impuestos. Bien, en principio esto podría parecer justo: el ciudadano que se niegue a pagar impuesto recibirá un castigo. La pregunta es: ¿conocen los ciudadanos el destino final de su dinero? ¿Conocen el alma y misión de la maquinaria a la que insuflan de vida y poder con sus impuestos? En teoría, sí; pero en la práctica, todo se resume a “Confía en nosotros. Tú no sabes, pero nosotros sí. Y no es necesario que sepas. Que te baste saber que contribuyes al bien colectivo con tu acción de buen ciudadano. Duerme en paz.” Lo mismo ocurre con el ejemplo de las palomas, aunque a la inversa. Anuncian las multas, pero no con el mismo faro el que un ciudadano puede ponerse el traje pulcro de fiscalizador y echar ojo a la correcta articulación del orden. 


Es esta una de las más importantes aristas extraíbles de Desobediencia Civil, de Henry David Thoreau. La presente edición, publicada en agosto del presente año, ve la luz gracias a la editorial Colmena Editores en conjunto con Anarcrítica Ediciones Libertarias. 


La palabra Estado, citada en el libro, debe entenderse como aquella maquinaria suprema, inquebrantable en sus principios y dictámenes, y no como referencia a un país o partido en particular. Como bien apunta Lutxo Rodríguez en el prólogo, el vocablo maquinaria no resulta de la mera ligereza, sino que es comparable al ente mecánico del sistema industrial, cuyo modelo e idolatría supusieron el símil de la felicidad y el mundo perfecto para la sociedad de entonces. Así pues, el estado, la maquinaria, no necesita personas, sino personal; es decir, engranajes, ladrillos mudos en la pared omnipotente, encajes inarticulados de palabra, que suministren con su aceite vital aquel tronco titánico que representa la máquina. 


Sin embargo, esto ocurre cuando las órdenes son acatadas en silencio, agachando la frente. Para Thoreau, en cambio, es posible una forma de estado llevadera, más justa con quienes viven bajo su orientación:


“Pero, hablando como un ciudadano en forma práctica, a diferencia de aquellos que se hacen llamar antigobernistas, no pido dejar de tener un gobierno, sino tener uno mejor de inmediato. Permitir que cada hombre deje conocer el tipo de gobierno que se ganaría su respeto: eso sería estar un paso adelante para obtenerlo.” 


“Creo que todos debemos ser hombres primero y súbditos después.”


Un gobierno que dé luz verdadera al diálogo y concertación entre sus miembros, sin dejarlos de lado, sin confinarlos en lo que Michel Foucault llama microfísica del poder: formas y modos encubiertos del poder con el fin de dominar al pueblo y a través de su trabajo y esfuerzo incrementar su potestad. Llámese consumismo, sumisión, meros actos sin cuestionamiento. 


En un contexto similar fue encarcelado Henry David Thoreau: por rehusarse a pagar un impuesto cuyo fin no era otro que el de financiar la guerra con México; conflicto por demás absurdo. 


No obstante, aquí el autor plantea que puede no ser incorrecto abonar impuestos, siempre y cuando estos contribuyan a la mejora justa de la sociedad; siempre y cuando su destino sea conocido y fiscalizado por el ojo del pueblo. En resumen, siempre y cuando la actitud crítica sea un derecho y un deber ejercido por cada ciudadano.


¿Cómo desarrollar consciencia crítica? Pues, piensa en cómo. 


Piensa.


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Libro recomendado.


Ficha técnica:

“Desobediencia civil” de Henry David Thoreau

Editorial: Colmena Editores y Anarcrítica

Año 2021

69 páginas

Tapa rústica 

 


Comentario a "Desobediencia Civil", de Henry David Thoreau Comentario a "Desobediencia Civil", de Henry  David Thoreau Reviewed by Aarón Alva on lunes, septiembre 27, 2021 Rating: 5

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